Confianza

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Por Yan Speranza, Presidente del Club de Ejecutivos 
La confianza es una suerte de expectativa, creencia o esperanza de que una persona o un grupo de personas se vayan a comportar de manera adecuada y correcta ante determinadas situaciones o circunstancias.

Se trata de una hipótesis sobre el comportamiento futuro y qué se puede esperar al respecto.

Cuando la confianza escasea o no existe, tanto a nivel interpersonal como hacia las instituciones, se va generando en la sociedad un ambiente de pesimismo generalizado, de mucha desesperanza, temor e incertidumbre y en donde se vuelve complicado poder colaborar efectivamente para resolver los problemas o aprovechar las oportunidades.

Es lo que se percibe con mucha fuerza en estos momentos en nuestro país, un muy alto grado de desconfianza sobre casi todo y particularmente hacia el gobierno y las instituciones de nuestra democracia. ¿Se trata solo de un fenómeno vinculado a la profunda crisis que estamos viviendo con la emergencia del COVID19?

Probablemente esta situación tan complicada de la pandemia, al mostrarnos con vigor muchas de nuestras históricas debilidades, ahonde este sentimiento generalizado de desconfianza.

Sin embargo, la pérdida de confianza es un fenómeno que viene creciendo de manera sostenida en la última década.

De acuerdo a los datos del Latinobarómetro del 2018, somos la región del mundo con los más altos índices de desconfianza, tanto a nivel interpersonal como en las instituciones. Y esto se ha venido profundizando en los últimos años.

Paraguay no es la excepción y en términos de confianza interpersonal ante la pregunta de: ¿se puede confiar en la mayoría de las personas?, solo el 17% contesta positivamente (frente al 14% del promedio de la región).

En relación a la confianza en las instituciones, los niveles caen significativamente y no llegan al 25% en la mayoría de las principales instituciones de nuestra democracia como el poder judicial, el parlamento y muchos menos aun los partidos políticos (la Iglesia sigue contando con un alto nivel de confianza, aunque también decreciendo).

De hecho, las instituciones privadas como los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil y las empresas cuentan con un mayor grado de confianza que las instituciones del sector público, aunque de vuelta, todas ellas vienen erosionándose en los últimos años.

La pandemia nos ha puesto en una situación complicada en muchos aspectos y vamos a necesitar una buena dosis de cooperación entre todos para salir lo más rápido posible de esta crisis tan devastadora.

Y para el efecto, todos debemos hacer el gran esfuerzo de recuperar algo de confianza.

Desde el gobierno, que se encuentra muy debilitado, precisamos un conjunto de señales claras, renovando algunos de sus cuadros en funciones importantes, gestionando con más decisión al más alto nivel las reformas urgentes que necesitamos y combatiendo radical y transparentemente todos aquellos espacios de corrupción.

Desde el sector privado también debemos colaborar más activamente con la generación de confianza, involucrándonos en la construcción de verdaderos bienes públicos.

Desde los diferentes liderazgos, debemos ser capaces de aglutinarnos y gestionar intereses colectivos, aquellas cuestiones que en definitiva benefician a toda la sociedad y que marcarán nuestro futuro como nación.

Son momentos difíciles. Por ello precisamente necesitamos actuar de manera distinta y rever esta espiral descendente de la confianza social.

Hagámoslo desde nuestras propias narrativas, con nuevos mensajes y con trabajos concretos y solidarios en la construcción de algo diferente.

¡Construyamos confianza!