70+

Por Yan Speranza, Presidente del Club de Ejecutivos.
Hace unos dos años y medio, específicamente en enero del 2018, se presentaban con mucho retraso los resultados de la primera evaluación censal de los aprendizajes que se generan en nuestro sistema educativo.

Esta prueba lleva el nombre de SNEPE. Y si bien anteriormente se hacía --con mucha irregularidad-- de manera muestral, en el 2015 se hizo por primera vez de manera censal.

Específicamente, se evalúan los aprendizajes en tres áreas a saber: matemáticas, comunicación castellana y comunicación guaraní. Básicamente, se describe lo que los estudiantes saben y son capaces de hacer en cada una de estas áreas al final del ciclo o nivel.

Es decir, los que pasan por estas evaluaciones son estudiantes del tercer grado, sexto grado y noveno grado de la educación escolar básica, como así también los alumnos del tercer curso de la educación media (aquellos que están en su último año de estudio en el colegio).

En el 2018, se volvió a repetir la misma prueba de manera censal. Es decir, a casi la totalidad de los alumnos de todos esos ciclos (unos 364.000 estudiantes en total tomaron esta prueba en octubre del 2018). Esto permite no solo sacar una foto del momento durante el cual se toma la prueba, sino además comparar la situación con la prueba anterior de tres años atrás.

Recuerdo que luego de la presentación de los resultados del 2015, que como explicaba, increíblemente recién se dio a conocer dos años y medio después, escribía en esta misma columna un artículo que lo denominé precisamente 70%.

Ese terrible número daba cuenta del porcentaje de estudiantes en el Paraguay que no llegaban al mínimo esperado de aprendizaje en las tres materias mencionadas en las que se les evalúa.

La semana pasada el Ministerio de Educación dio a conocer los resultados del SNEPE 2018, y de ahí proviene este nuevo titular. Hemos empeorado en el rendimiento educativo en prácticamente todos los grados y cursos y en las tres áreas evaluadas.

Es decir, ahora estamos más cerca del 80% de estudiantes en todos los niveles que no alcanzan el nivel mínimo de aprendizajes esperados para su respectiva edad y ciclo escolar.

Los niveles de aprendizajes se dividen en cuatro: bajo, medio, esperado y destacado. Estar en uno u otro nivel implica básicamente haber aprendido o no determinadas habilidades cognitivas básicas.

Por ejemplo, estar en el nivel esperado en comprensión lectora o castellano supone ser capaz de realizar “interpretaciones e inferencias más complejas, la integración y conexión de varios datos que permiten desarrollar la comprensión global de un texto”. En otros términos,  comprender de manera más completa lo que se lee o casi dejar de ser eso que se conoce como analfabeto funcional.

Ahora bien, el nivel avanzado (donde solo llega el 8% de los estudiantes del último curso del colegio) implica además de lo anterior que el alumno pueda “reflexionar, valorar y evaluar críticamente el contenido de un texto”. Es decir, aquella habilidad básica que nos permita tener eso tan importante y clave que llamamos pensamiento crítico.

Entonces, ¿podemos hablar realmente de un proceso de desarrollo en el país cuándo tenemos esta terrible realidad que potencialmente condena a toda una generación? Porque aún peor, vamos retrocediendo desde situaciones que ya eran escandalosamente malas como precisamente trataba de explicar en el primer artículo escrito sobre este mismo tema casi tres años atrás.

El deleznable secuestro, que una vez más debemos enfrentar como sociedad, ha hecho que este tema haya quedado bastante opacado y se comprende por supuesto la situación.

Sin embargo, debemos entender que sencillamente nos estamos quedando con un presente y futuro muy limitados si no encaramos en serio una profunda transformación educativa.

Y, claramente, todos debemos involucrarnos en esta cruzada que debe ser una verdadera causa nacional.