Cómo volverse millonario


Publicado en: Última Hora
Publicado el: 07-12-20
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Por Antonio Espinoza, director del Club de Ejecutivos.

Al empresario Richard Branson, una de las personas más ricas del mundo, fundador de la productora musical Virgin Records y la línea aérea Virgin Airways, le preguntaron en cierta oportunidad cuál era el secreto para volverse millonario. “Muy sencillo,” contestó Branson, “comience siendo billonario y cómprese una línea aérea.”

Branson hablaba por experiencia sufrida en carne propia, y su respuesta, aunque jocosa, contenía un mensaje importante: no cuidar dónde, y cómo, se invierte puede producir pérdidas antes que ganancias. Así como las personas, también los países. Las inversiones mal planificadas, mal ejecutadas o plagadas de corrupción empobrecen a los países en vez de contribuir a su crecimiento económico.

En nuestro país, los recursos tributarios disponibles para la inversión han sido, desde siempre, las pocas migajas que sobran del festín de los gastos corrientes. Por ello ha sido habitual financiar las inversiones públicas con fondos provenientes de endeudamiento, pero los gastos incurridos como consecuencia de la pandemia nos han obligado a asumir cada vez mayor endeudamiento, acercándonos al tope de lo prudente.

Es oportuno, entonces, tener en cuenta el informe recientemente publicado por el Fondo Monetario Internacional y que se titula: “Gastando Bien: Cómo una Gobernanza Robusta Puede Acabar con el Despilfarro en la Inversión Pública”. El mismo recopila los aprendizajes de décadas de experiencia en el financiamiento de inversiones públicas en todo el mundo.

Hoy, más que nunca, es importante que los recursos públicos destinados a inversión se utilicen con la mayor prudencia y eficiencia posible. Y el estudio del Fondo propone medidas concretas para lograr este objetivo, comenzando por reglas fiscales claras y de cumplimiento obligatorio para acotar y blindar los recursos destinados a la inversión pública.

El Fondo estima que, en promedio, más de un tercio de los recursos destinados a las inversiones públicas se pierden por ineficiencias en la gestión. Y en muchos casos, aunque las obras se terminaron en tiempo y forma, los proyectos son elefantes blancos con un retorno social negativo que no satisfacen las expectativas esperadas. Aquí, pensemos en el caso  Metrobus, que ya nos ha costado unos $30 millones, y posiblemente terminará siendo más.

Los elefantes blancos no son privilegio de países pobres; países desarrollados tienen sus buenos ejemplos, como el caso de la estación de tren Vigna Clara, en Roma, hoy cerrada, que se construyó a un costo de $50 millones, y se usó durante solo dos semanas. Países ricos tienen mayor resiliencia para soportar estos desatinos, pero en países en desarrollo los recursos son demasiado escasos para derrocharlos en proyectos que no llegan a cumplir su función y contribuir al bienestar del país.

La planificación prolija, y una rigurosa evaluación de riesgos, costos y beneficios son fundamentales para evitar elefantes blancos y asegurar que los fondos de inversión se destinen a los proyectos que tendrán el mejor retorno económico y social, a través de una entidad rectora que no esté sujeta a los antojos políticos del momento. El Fondo pone como ejemplo el Sistema Nacional de Inversiones de Chile, que cumple esta función.

La corrupción siempre plantea desafíos importantes en los procesos de inversión pública, sea por complicidad entre funcionarios y proveedores o por colusión entre proveedores para inflar precios. La vigorosa y eficiente implementación de medidas anticorrupción contribuye a mitigar estos riesgos.

Mejorar la calidad de la inversión pública es imperativo para contribuir a la recuperación económica del país. No nos volverá a todos millonarios como Branson, de un día para otro, pero sí contribuirá a dinamizar la economía y reducir la pobreza y la desigualdad.