¿Pandemia o sindemia?


Publicado en: Última Hora
Publicado el: 08-06-21
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Por Sandra Zandoná, directora del Club de Ejecutivos.

Cada vez más científicos afirman que la situación que estamos viviendo con el SARS-CoV-2 no debería tratarse como pandemia, sino como una sindemia. Este término nace de la unión de dos conceptos: sinergia y pandemia y se refiere a la suma de dos o más brotes de enfermedades de manera secuencial o concurrente, que interactúan causando un daño mucho mayor.

Es decir, que el mayor daño del coronavirus no es el COVID-19 como tal, sino el COVID-19 agravado por otras circunstancias que rodean a la persona que ha adquirido la enfermedad, desde las enfermedades de base y comorbilidades, hasta las circunstancias socioeconómicas en que se encuentra.

Esta no es la primera vez que nos encontramos ante una sindemia. Un ejemplo es la sindemia de la obesidad + desnutrición + cambio climático. Parece una contradicción de buenas a primeras. Pero lo cierto es que la manera en que nos alimentamos actualmente causa malnutrición, ya sea obesidad o desnutrición, según el lugar y las condiciones sociales y económicas en que nos encontremos. A su vez, este mismo sistema de producción de alimentos es el que genera gran parte de los gases de efecto invernadero que causan el cambio climático. Sí, el mismo que arruina cosechas y deja sin alimentos a personas que dependían netamente de su propia producción.

Se nota ya el “círculo vicioso” y como una condición afecta y retroalimenta a la otra. En este sentido, las acciones que se dirijan a cambiar los sistemas de producción contribuirán a solucionar en parte los problemas de malnutrición, y viceversa.

Este sería un enfoque sindémico para solucionar el problema. Pero ¿en qué cambia la solución desde el punto de vista de la sindemia? Enfrentar al COVID-19 desde la perspectiva de la sindemia nos permite fijarnos no solo en la enfermedad, sino también en el contexto.

Las sindemias no solo son causa del virus, sino de otros factores como la pobreza, la inequidad en el acceso a medicamentos, el estrés, la violencia y la mala gestión de la salud pública. La lucha contra el COVID-19 fracasará si no tenemos en cuenta todos los factores que forman parte de este combo. Los problemas sociales no se resuelven con más médicos, más medicamentos o más hospitales. Se resuelven desde las políticas públicas que disminuyan la inequidad en el acceso a ellas.

Esta puede ser una opinión polémica y difícil de digerir, pero es infantil creer que vacunados estaremos protegidos de este virus. Y no es por negar esta realidad. Es entender que, vacunados o no, debemos tratar también otros factores endémicos y otras realidades sociales que afectan a la salud de las personas.

¿Y si empezamos a llamar a las cosas por su nombre? Elegir la palabra adecuada para denominar la situación que estamos viviendo hoy en día es importante. Si hablamos de sindemia en vez de pandemia, estamos enfatizando todos estos factores que van mucho más allá de las cuestiones médicas o biológicas. Nos hace pensar, necesariamente, en todo el contexto que rodea a esta enfermedad.

Para evitar futuras sindemias necesitamos solucionar problemas mucho más profundos y complejos que un virus. Necesitamos alejarnos de este pensamiento reduccionista y hacer frente a la dura realidad que estamos intentando evitar a toda costa. Y hoy, más que nunca, nos encontramos en la situación ideal para hacerlo. Nunca fuimos tan conscientes de nuestros propios límites, de nuestra vulnerabilidad como seres humanos. Esto nos confirma, incluso, que ya no existe un “volver a la normalidad”.

Si seguimos ignorando que las políticas públicas no responden a las necesidades que tienen las personas hoy, ¿cuánto tiempo pasará hasta que una nueva sindemia vuelva a agitar nuestro mundo?

Los tratamientos y vacunas son evidentemente importantes, pero es vital que vayan en paralelo con acciones que corrijan los factores sociales, económicos y ecológicos que amplifican el efecto de estas enfermedades.