Creatividad: combustible de la innovación

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Por Raquel Dentice, socia del Club de Ejecutivos.

El pensamiento innovador y creativo es hoy vital para las organizaciones.

La innovación por sí misma es una actividad que supone analizar estadios alcanzados, afrontar nuevos riesgos y desafíos para hacer cosas diferentes y crear un valor inédito.  Es un proceso sostenible, sistemático y estructurado en el que organizaciones e individuos generan espacios, asignan recursos y se comprometen en la exploración de lo nuevo.

La innovación necesita de la creatividad. El biólogo argentino Estamislao Bachrach considera a la creatividad como una “actividad mental a través de la cual en algún momento una revelación o insight ocurre dentro del cerebro y trae como resultado una idea o acción nueva que tiene valor”.  La creatividad rompe modelos y estructuras de pensamiento, de ella emanan soluciones alternativas, nuevos modos de proceder, productos y diversos resultados que colaborarán en la transformación y la innovación. La creatividad para que suceda de manera efectiva es estimulada con técnicas, herramientas y contexto que la propicien.

Parafraseando a Fran Chuan, la innovación es la consecuencia de la creatividad más el esfuerzo. Su abordaje requiere seriedad y compromiso para la generación de espacios despojados de presión y del temor al fracaso.  Por otro lado, son correlativas, la creatividad nos lleva de un desafío a una idea de solución, en tanto que la innovación crea valor y supone la realización o ejecución de esas ideas.

La innovación es un proceso progresivo, que fluye en las organizaciones y en las personas, donde la metodología y la aplicación de técnicas que la estimulen e inspiren cobran un lugar fundamental. Surge del trabajo en equipo.

La creatividad y la innovación rara vez emergen por sí solas. Exigen talento, habilidades, diversidad, actitud, interés y compromiso. También entrenamiento, y liderazgo.