Escapar de la histéresis

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Por Yan Speranza, Presidente del Club de Ejecutivos. 
Esta palabra poco común proviene originalmente de la física para designar la propensión de un material a conservar una propiedad determinada, incluso luego de que el estímulo que la generara haya desaparecido.

En economía se utiliza el término en referencia al mercado laboral, cuando por razones de una recesión o shock importante, el desempleo aumenta de manera significativa, pero luego se mantiene así por mucho tiempo, aun cuando las circunstancias que ocasionaron el golpe ya desaparecieron por completo.

Estamos atravesando una crisis de grandes proporciones ocasionado por un virus bien identificado y que en algún momento no muy lejano será derrotado. Sin embargo, ¿lograremos una recuperación relativamente rápida o caeremos en una suerte de histéresis económica, con lustros o incluso décadas de sufrimiento?

Ello dependerá del tipo de respuesta que seamos capaces de elaborar e implementar rápidamente desde la política pública, permitiendo fundamentalmente que la iniciativa privada encuentre los incentivos adecuados para invertir, emprender, arriesgar y acelerar la recuperación.

Los impactos son realmente devastadores y estamos aún en medio de la crisis, tratando de sostener lo mejor posible una situación extremadamente complicada.

La economía se va a contraer más del 4% y el desempleo se dispara, el déficit fiscal va a crecer incluso por encima del 7%, los ingresos se derrumban a niveles de 5 años atrás, la deuda externa se eleva a límites ya peligrosos, la pobreza puede aumentar unos 7-9 puntos porcentuales y la brecha en la desigualdad se va a ampliar de manera significativa, con lo cual habremos perdido como década en la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Pero como decíamos, la situación con el virus que ocasiona toda esta profunda crisis llegará a su fin, y debemos pensar con mucha inteligencia y decisión en la lógica de la recuperación.

El gobierno necesariamente deberá impulsar algunas reformas inaplazables en la administración pública, apuntando a modificar estructuralmente un modelo de funcionamiento que está agotado y que solo nos conducirá a este estado de histéresis mencionado.

Particularmente por el lado del gasto público, los ajustes deberán ser significativos con toda la dificultad de gestión política que ello supone, en un momento en que las resistencias se activan también con fuerza, defendiendo sus intereses.

Por esa razón, es muy probable que lo anterior no resulte suficiente, y la única opción viable que nos queda es apalancar adecuadamente la participación del sector privado.

Cuestiones sobre las cuales hemos avanzado poco como las asociaciones público-privadas (APP’s) debemos retomarlas con fuerza, generando en la propia regulación los incentivos adecuados para invertir por parte del sector privado.

Debemos desmontar lo más rápido posible una importante cantidad de normativas, trabas y gestiones administrativas innecesarias que dificultan la posibilidad de hacer negocios en el Paraguay.

Debemos identificar con claridad las ventajas concretas que podemos ofertar en determinados sectores y salir a buscar desde los más altos niveles a los inversores privados, invitándolos con mucha proactividad a invertir en el país.

Debemos hacer un tremendo esfuerzo para gestionar la mayor previsibilidad y seguridad jurídica posible, que permita atraer al capital privado.

En definitiva, estamos hablando de un foco estratégico en la política pública que será absolutamente clave en el proceso de recuperación de la economía.

Pero implica mucha gestión si queremos verdaderamente acelerar el proceso y aprovechar las oportunidades que, efectivamente existen, para que el sector privado juegue un rol más importante en lo que se viene.

Si no lo hacemos, es muy probable que quedemos atrapados en la histéresis, esta extraña palabra de origen griego que denota un retraso casi permanente en el tiempo.