La pandemia nuestra de cada día

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Por Lauro Ramírez López, socio del Club de Ejecutivos.

No estamos encerrados, pero casi. El mundo cambió, pero es el mismo… todo junto. No podemos abrazarnos ni besar a nuestros padres, siendo lo que más queremos. El miedo a lo invisible aumenta… y disminuye a la vez. Los culpables están por todos lados, pero no los vemos. Los que no creen abundan, los que sospechan más. Los aterrorizados aumentan. Los encerrados también.

¿Habrase visto tiempos más contradictorios que los actuales en el mundo? No hablamos de guerras o incertidumbre, pues eso siempre existió. Hablamos de contrasentidos permanentes en lo que creemos, en lo que hablamos, en lo que comemos, leemos o vivimos. Hoy lo único constante es el cambio.

Cuando leemos o escuchamos sobre la necesidad de adaptación para sobrevivir, pensamos que eso es evidente y cierto. Pero nunca esa adaptación fue tan constante por la velocidad de los cambios. Vivimos en un mundo de papel, donde aún no se apagaron las cenizas del anterior incendio cuando ya se inicia otro casi a la par.

Adaptarnos, sobrevivir y progresar en el siglo 21 requiere renovación de actitudes y visiones. Hay que estar atentos al negocio, la familia y la diversión, en paralelo.

Como si no fuera suficiente aprender a vivir de por sí, ahora tenemos que afrontar los cambios del mundo, ya convulsionado de por sí con la evolución normal del progreso humano.

Inteligencia artificial, internet de las cosas, energías renovables, big data, 5G o los cambios en la matriz productiva, están transformando nuestro mundo. Y ahora un virus invisible también.

Nuestra forma apacible de vivir en Paraguay ayuda a amortiguar ese vértigo de los cambios. Pongamos de nuestra parte con esa adaptación y bonhomía tan propia de nuestro ser, y contribuyamos con responsabilidad a pasar este momento difícil. Esta transición depende de nosotros, y tenemos que contribuir.