Nuestro límite es la eficiencia del factor humano


Publicado en: Última Hora
Publicado el: 21-12-20
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Por Luigi Picollo, socio del Club de Ejecutivos.

Mientras que en la prensa leemos reiteradamente sobre la gran incerteza económica, en el mundo los activos financieros solo han crecido. En 1990 estaban en US$ 220 trillones, en 2017 superaban US$ 700 trillones, y las proyecciones para el 2020 estimaban US$ 900 trillones, lo que equivale al 1000% del PIB-Producto Interno Bruto global. Es decir, en el mundo hay 10 veces más “dinero ocioso” esperando una oportunidad de negocio que negocios a ejecutar. Existe una inmensa cantidad dinero ocioso en búsqueda de gente capaz para realizar buenos negocios.

Paraguay no es muy diferente. En este momento las tesorerías de los bancos están abarrotadas de dinero, en condiciones de financiar propuestas serias. Aun así, muchísimas empresas perecerán por inanición financiera “supuestamente” a causa del Covid. En realidad, perecerán porque no pueden acceder a todo ese capital disponible por la ineficiente gestión humana. El Gobierno no es diferente, nunca en un solo año captó tanto dinero a través de deuda como en el 2020, dinero sobra. Y aún así no ha conseguido ejecutar contratos y concretar los beneficios a la población. El sector público y el privado sufren el mismo problema: el verdadero límite de todo pasa por la productividad del recuso humano. La falta de dinero nunca fue el limitante.

La productividad de nuestra gente es muy baja. La cantidad de bienes o servicios producidos por un trabajador local es muy inferior a lo que produce el mismo trabajador en países más desarrollados. Localmente necesitamos más gente para producir lo mismo, tornándonos caros, lentos y difíciles. Se piensa en el costo de mano de obra solo en “términos de salarios pagados”, lo que es incorrecto. Cada trabajador supone, además de su salario, un sinnúmero de erogaciones adicionales que se diluyen en muchos otros centros de costos perdiéndose de vista, como por ejemplo: licencias de software, computadoras, internet, insumos sanitarios, electricidad, mobiliario y espacio en las oficinas. Además, capacitaciones, beneficios varios, gastos en eventos corporativos, viáticos, uniformes, transportes, alimentación, gestion de conflictos internos, tiempo de la gerencia para manejar más gente y repetir la mayoría de las veces lo mismo, etc. En nuestro medio la suma de todos esos gastos complementarios fácilmente superan el pago de salarios. Todos los gastos son directamente proporcionales a la cantidad de funcionarios. Como necesitamos de más gente para producir lo mismo, somos caros e ineficientes, razón por la cual ahuyentamos al capital.

La fórmula en los países ricos es tener la menor cantidad de funcionarios posibles. Producir más con menos gente. Cada quién es lo más responsable, autónomo, organizado y disciplinado. Este trabajador requiere menos supervisión, y hasta el trabajo a distancia funciona de maravillas. En las horas laborales no se socializa, se produce intensamente. Esta es la fórmula a la que debemos apuntar, contar con personal calificado. Eso atraerá al capital. Por tanto, urge invertir en la formación profesional, técnica y científica.

El techo de los salarios en Paraguay está dado por la baja productividad del trabajador. Una persona que produzca el doble puede ganar el doble, y todavía así le saldría más barato a la empresa que tener dos personas en su lugar. Quién no quisiera pagar más a menos gente, y simplificar toda la empresa. Es un círculo virtuoso, pues el capital ocioso en el mundo está en búsqueda de gente eficiente que pueda producir muchísimo más. Gente bien pagada pero extremadamente eficaz no es cara. Lo caro es tener mucha gente ineficiente para hacer lo mismo.