Renovación política


Publicado en: Última Hora
Publicado el: 09-05-22
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Por Jaime Egüez, presidente del Club de Ejecutivos.

Querer cambiar el país no basta. Hay que hacer algo concreto y tomar decisiones sobre cómo conseguir que la gestión pública tome el dinamismo que requiere el sector privado.  Y por encima de las limitaciones.

Imperioso es que entendamos aquellas prácticas del sector político que nos empantanan constantemente en cualquier proceso de mejora. La primera es el concepto de "caballo del comisario”, práctica tan arraigada en nuestro folclore político. La práctica de ser asociado como candidato a una figura de poder fáctico, a quien finalmente se debe dar cuentas y honrar el privilegio de ser el elegido, es algo muy peligroso para el futuro de Paraguay. La práctica de movimientos asociados a nombres de personas es tan nociva para la política sana, incluso para el desarrollo de los partidos. Debemos iniciar su erradicación definitiva en los nuevos modelos de elecciones.

No es lo mismo estar identificado con una filosofía de trabajo que mostrarse como el lacayo de un político de la zona. Le hacen un pobre favor al candidato postulado que su “jefe” imponga su candidatura. Y si lo hace a platazo peor aún. La autonomía de conciencia y de voluntad es quizás el primer requisito para ser un buen gobernante de un cargo público.  Esto me hace recordar como el presidente del Ecuador, Lenin Moreno, tomó medidas para cambiar el rumbo del país buscando un mayor desarrollo económico, hecho que ocasionó que fuera increpado por el expresidente Correa por ser un ingrato y no obedecer sus órdenes como su “mentor”.

Entender que la gestión de poder demanda no solo prudencia sino responsabilidad hacia “todos los paraguayos” y no hacia un mentor es vital para un futuro gobernante. El problema de nuestro sistema electoral es la manera en que armamos la estructura para llegar al poder. Ahí deben entrar los partidos políticos, que deben obligatoriamente reinventarse. Sobre todo, para dar lugar a nuevos actores y no a las desgastadas figuras del tradicionalismo político paraguayo.

Por otro lado, otro punto tan importante como el primero es que una vez que el Gobierno toma forma, entender que los principales puestos de decisión del poder se deben llenar por capacidad de gestión y no por el color partidario o, peor aún, por devolución de favores políticos. El Estado paraguayo “no es un botín de guerra”. No podemos permitir más políticos que en sus discursos desde el inicio nos demuestran que sus pensamientos están orientados a armar una pandilla de amigos que administren y, en muchos casos, se apropien de recursos que nos pertenecen a todos los paraguayos.

Por esto es que muchos de los políticos buscan adeptos en los diferentes sectores de la estructura pública. Lo que se denomina votos duros. Porque lamentablemente es una realidad que mucho del bienestar de los votantes se lo deben a caudillos.  Se han visto clanes familiares enormes dentro de la estructura del Estado, funcionamiento que pagan todos los paraguayos con sus impuestos. Dejemos de escuchar discursos vacíos, hipócritas e intentemos mirar en cada partido nuevas figuras. Hoy se los puede votar. Y con nuestro voto impulsar la renovación de sus propios partidos.

Desde el sector de los trabajadores, los emprendedores, los empresarios, los profesionales independientes, sean en el campo o en las ciudades, debemos estar atentos a no financiar más modelos políticos populistas y caudillistas, carentes de propuestas para el desarrollo general del país. Necesitamos candidatos que tengan autonomía, que tengan la valentía de presentar propuestas inclusivas. Candidatos con una hoja de vida comprobada en la gestión eficiente. No meras promesas, porque estamos cansados de que nos mientan. Debemos ser protagonistas del cambio a través de una activa participación capaz de superar la vieja y dañina práctica política que nos ha hundido en la ausencia de acciones que beneficien a todos los paraguayos. Se gobierna para todo el país, no para los amigos y correligionarios.